Vive el otoño en La Taha
El otoño acaba de comenzar, pero en el sur el verano suele tomarse su tiempo para despedirse. Aún disfrutamos de mañanas soleadas y mediodías templados, ese entretiempo amable que invita a caminar sin prisas. Sin embargo, en los rincones más resguardados de la vertiente sur de Sierra Nevada, la naturaleza ya empieza a anunciar el cambio de estación.
Lejos de las aglomeraciones y del bullicio de los circuitos turísticos habituales, existe un territorio donde el otoño se manifiesta de forma pausada y serena: La Taha de Pitres. Es aquí, entre bancales moriscos, acequias centenarias y bosques de castaños, donde el cambio de estación se convierte en una experiencia íntima para compartir.




Los primeros tonos ocres entre Atalbéitar y Ferreirola
En el corazón de La Taha, a más de 1.100 metros de altitud, el otoño no irrumpe de golpe; se desliza poco a poco ladera abajo. El contraste entre los castaños de hoja caduca, los nogales, las higueras y el verde perenne de las encinas convierte a este valle en uno de los primeros lugares de la provincia de Granada donde apreciar los matices de la nueva estación.
Atalbéitar y Ferreirola representan la esencia más pura de la arquitectura alpujarreña: muros gruesos de mampostería encalada, cubiertas planas de launa coronadas por sus característicos sombrerillos en las chimeneas y tinaos que resguardan del viento. Caminar por sus callejuelas estrechas y empedradas en esta época es escuchar el crujido de las primeras hojas secas y el murmullo continuo del agua que baja por las acequias de careo.
Desde Atalbéitar parten senderos tradicionales que comunican con Ferreirola y los lavaderos comunales, un recorrido histórico que durante octubre y noviembre se cubre de una alfombra dorada. En esta época del año, los frutos de los nogales caen al suelo y los erizos de los castaños comienzan a abrirse, ofreciendo una estampa otoñal que invita a bajar el ritmo y agudizar los sentidos.




Capilerilla y Mecina: miradores de pizarra hacia el barranco
Subiendo en altitud encontramos Capilerilla, uno de los núcleos habitados más altos y tranquilos de la zona, asomado como un balcón natural sobre todo el barranco. Desde sus eras tradicionales, la panorámica permite contemplar cómo el cambio de coloración desciende desde los piornales de alta montaña hacia las copas de los robles y castaños que visten las faldas del valle.
Más abajo, Mecina Fondales actúa como enlace verde entre huertos tradicionales de frutales y sendas de ribera. Las veredas que unen Mecina con el río Trevélez descubren rincones umbríos donde el musgo reverdece con las primeras lluvias y los chopos de ribera encienden sus hojas de un amarillo intenso antes de dejarlas caer sobre las pozas de agua clara.
Recorrer estos senderos no exige grandes esfuerzos físicos, sino tiempo para observar cómo cada día el paisaje transforma su paleta cromática, con mañanas frescas que invitan al abrigo ligero y tardes luminosas de cielo azul cobalto.
Casas Rurales Haratalbeitar: un refugio para grupos de hasta 10 personas | Casa Rural Violeta
En pleno núcleo de Atalbéitar, integradas con respeto en el caserío tradicional y rodeadas por este entorno privilegiado, nuestras dos casas rurales ofrecen el marco idóneo para quienes buscan vivir el otoño de una manera diferente.
Con capacidad conjunta para grupos de hasta 10 personas, las casas conservan el encanto de la arquitectura original —vigas vistas de castaño, gruesos muros de piedra que mantienen el calor hogareño y chimeneas de leña— combinadas con todo el confort actual. Su distribución permite tanto la convivencia compartida en amplios salones y cocinas como la intimidad necesaria en sus dormitorios y terrazas con vistas a la sierra.
Cuando la tarde cae y la temperatura desciende, el crujido de la leña en la chimenea se convierte en el centro de reunión perfecto tras una jornada de senderismo o aprendizaje en la naturaleza.





El escenario ideal para cursos, talleres y retiros de otoño
El silencio que envuelve a La Taha durante los meses de otoño convierte a nuestras casas en un espacio especialmente adecuado para el desarrollo de actividades grupales con propósito:
- Encuentros creativos y de trabajo en equipo: Un punto de encuentro donde equipos reducidos pueden concentrarse, compartir proyectos y desconectar del ruido urbano.



Vive el otoño en La Taha
El otoño en La Taha no se contempla desde la ventanilla de un coche: se huele en el humo dulce de las chimeneas, se escucha en sus senderos desiertos y se saborea alrededor de una mesa compartida.
Si estás planificando una estancia en grupo, un encuentro familiar o la sede para tu próximo curso o taller de temporada, Emilio y Alba te abrimos las puertas de nuestras casas en Atalbéitar para que descubras el otoño allí donde el tiempo parece haberse detenido.


